¿Por qué hay que ver La sociedad literaria y el pastel de piel de patata?

Literatura y cine son disciplinas indisolubles. La segunda jamás existiría sin la primera. Es por ello que desde su inicio esta le ha rendido tributo; enriqueciéndola. La narrativa cinematográfica ha ido evolucionando acorde a los tiempos. Y, aunque el corpus prosista parezca haberse difuminado en el cine comercial contemporáneo –véase la película-tendencia del momento, The Northman—, siguen apareciendo filmes que celebran y le dan una nueva vida a la literatura. Lo hacen desde la pureza y el clasicismo; dos términos decadentes en la actualidad pero que nos acercan a la verdadera alma cinematográfica: contar una historia.

Teniendo esto en cuenta, es fácil explicar por qué pasó desapercibida en su momento una obra como La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, adaptación de Mike Newell de la novela «The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society» (2018), escrita por Mary Ann Shaffer y Annie Barrows. Es una película de otro tiempo, que podría haber sido uno de los grandes éxitos populares de los 90, pero en un momento en el que cine se ha convertido o bien en un arte puramente estético, o bien se desprecian relatos de estructura poco novedosa, poco importa que el filme de Newell porte carisma y sentimientos auténticos. Una cinta que pudiera haber dirigido Frank Capra y que tiene en su reparto uno de sus grandes atractivos.

A continuación, les contamos por qué deben ver La sociedad literaria y el pastel de piel de patata:

Por Lily James

Actriz siempre vinculada a este tipo de producciones, con lo que ello significa. Este año ha logrado quitarse el sambenito con su caracterización de Pamela Anderson en la comedia televisiva Pam & Tommy. En La sociedad literaria y el pastel de piel de patata le otorga un plus al eterno rol de joven que tiene que decidir entre un futuro lustroso pero vacío o preservar la esencia de la tradición, quedándose en su hogar natal. James está estupenda. Es una actriz que ha nacido para vestirse de época.

Por Michiel Huisman

No es ninguna sorpresa este actor, al que descubrimos en la magnífica La invitación (Karyn Kusama, 2015) y después tuvimos en pantalla hasta la saciedad con el papel de Daario Naharis en Juego de tronos, serie de HBO que ejerció de trampolín para este intérprete, músico y también modelo de perfumes. Huisman se sale del arquetipo habitual: es neerlandés y, aunque su carrera ha adquirido brillo en territorio anglosajón, no abandona a la industria de su país. Huisman es todo carisma, un actor que llena la pantalla con su sola presencia. Y en este filme de Newell esto no es una excepción.

Por Glen Powell

Es el menos conocido del terceto de protagonistas; también el que tiene el papel más complejo. Los más cinéfilos recordará a Powell por su aparición en Todos queremos algo de Richard Linklater (2018). De hecho, en la última película del director, tercera incursión en la animación de su carrera, Apolo 10½: Una infancia espacial (2022), el actor tiene un pequeño pero excitante rol. La carrera de Powell, más allá de las obras citadas, carece de las aristas de sus compañeros pero intuimos que el futuro le será más propicio. Sobre todo, si explota su vis cómica.

Y, sobre todo, por Mike Newell

Todo un clásico del cine británico. Su éxito más conocido es uno de los hitos del cine de los 90: Cuatro bodas y un funeral (1994), con un Hugh Grant en estado de gracia acompañado por la archiconocida melodía de Wet Wet Wet. Newell ha firmado otras películas meritorias como Donnie Brasco (1997), Harry Potter y el cáliz de fuego (2005) o Grandes esperanzas (2012). La sociedad literaria y el pastel de piel de patata es una obra consecuente dentro de su filmografía. Y Newell le otorga su sello: sacando partido del romance, el humor y, sobre todo, la ternura de la historia original.

El antepenúltimo mohicano

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