Historia real de Chucky, el muñeco asesino

Chuky: el muñeco diabólico aterrorizó a toda una generación y dio lugar a una de las sagas más populares del cine. Sin embargo, muchos no conocen la historia real de Chucky. Porque, efectivamente, el personaje está inspirado en un juguete de verdad.

La trama de la película

Para entrar en contexto, vamos a recordar brevemente la trama de la película Chucky: el muñeco diabólico (su título original es Child’s Play), de Tom Holland. En ella se cuenta la historia de Andy, un niño pequeño al que le cuesta hacer amigos. Su madre, Karen, le compra un muñeco llamado Chucky a un vendedor ambulante para hacer sentir mejor a su hijo.

Lo que Karen y Andy no saben es de dónde viene Chucky. La noche anterior, Charles Lee Ray, un asesino en serie fugado de la Justicia, es perseguido por el detective de homicidios Mike Norris.

El fugitivo se esconde en una tienda de juguetes, pero Mike le encuentra y le dispara mortalmente. Sin embargo, antes de morir, hace un hechizo de vudú haitiano. Con él consigue transferir su alma a un muñeco de la serie Chicos Buenos.

Tras formular el hechizo, cae un rayo sobre la tienda y explota. Mike sobrevive y el muñeco es encontrado por el vendedor ambulante que, posteriormente, se lo vende a Karen. A partir de ahí comienza una ola de crímenes relacionados con el juguete, que tiene la firme intención de ocupar el cuerpo de Andy.

El muñeco Robert, fuente de inspiración para Chucky

Ya sabemos la trama del film, lo que nos va a ayudar a comprender mejor su relación con la historia real. Esta se remonta al año 1903. Por aquel entonces, un niño llamado Robert Eugene Otto (más adelante se convertiría en un famoso artista) recibió como regalo un muñeco que, visto ahora, era un poco siniestro.

Ese muñeco fue fabricado a mano por parte de una antigua empleada de la familia. De hecho, se dice que fue tratada como esclava y ampliamente maltratada durante años. Algo que la llevó a aprender a usar el vudú con el propósito de vengarse de la familia Otto.

Así que, al igual que en el caso de la película, estamos ante una historia de vudú. El pequeño Robert Eugene, curiosamente, dio al muñeco su mismo nombre. Lucía un traje de marinero y portaba un león en la mano, detalles que le encantaron. Tanto que, en muy poco tiempo, empezó a hablar de él como si fuese un niño de verdad.

El giro tenebroso del muñeco Robert

Todo era felicidad hasta que, un buen día, los padres de Robert Eugene le encontraron llorando y temblando de miedo en un rincón. Al preguntarle al niño qué había pasado, el joven les contó que el muñeco se movía y se reía de él. Incluso que movía los muebles y que le rompía otros juguetes. Sucesos que le aterrorizaban.

Esos episodios se volvieron cada vez más frecuentes. La historia se hizo pública hasta tal punto que los vecinos la corroboraban. Muchos de ellos afirmaban haber visto al muñeco Robert caminar por la casa cuando la familia no estaba.

Cuesta creer que, tras todos estos eventos paranormales, la familia Otto no se deshiciera del juguete. Pero la realidad es que no lo hicieron. De hecho, los padres de Robert Eugene se limitaron a encerrar el muñeco en el desván. Ello, supuestamente, no impidió que siguiese atormentando al niño hasta que creció.

Evidentemente, llegó el día en el que Robert Eugene se hizo mayor y abandonó el hogar de sus padres. Así que perdió de vista al muñeco, aunque solo temporalmente. Al cabo de unos años, sus progenitores fallecieron y él fue el único heredero de la vivienda familiar.

El reencuentro

Lo primero que hizo Robert Eugene al regresar a su antigua casa fue buscar a su muñeco. Obviamente, allí le estaba esperando. Sin embargo, no le dio la oportunidad de que le siguiese atormentando. Lo regaló o lo vendió (no está del todo claro) a una mujer llamada Myrtle Reuters, quien se lo dio, acto seguido a su hija.

Según la mujer, su hija fue también víctima de Robert. De hecho, pasó varios años sufriendo el hostigamiento del juguete. Cuesta creer que su propietario original no alertase a la señora Reuters de lo que él mismo había vivido.

Finalmente, Myrtle Reuters decidió deshacerse del muñeco. Pero, puesto que Robert Eugene Otto había alcanzado cierta fama como pintor excéntrico, no lo tiró. Prefirió donarlo al museo Fort East Martello de Florida en el año 1994. Allí sigue estando en estos momentos. Eso sí, encerrado en una urna de vidrio que le impide hacer daño a nadie.

¿Sigue haciendo fechorías el muñeco Robert?

Los visitantes del museo afirman que sí, aunque sea absolutamente un disparate. De hecho, los gestores del museo han puesto su grano de arena a la hora de incentivar la leyenda. Por ejemplo, han ayudado a extender el rumor de que, si alguien insulta a Robert, este le devuelve el insulto. También han establecido la obligación de pedir permiso al muñeco antes de hacerle una foto. Si no asiente previamente con la cabeza, maldice al fotógrafo y a quienes le acompañan.

Evidentemente, todo esto no es más que una leyenda que surgió de la imaginación de un niño. Es muy probable que el joven Robert Otto prefiriese buscar una respuesta paranormal a los miedos que sentía antes que asumir que eran fruto de su imaginación. Lo que está claro es que la anécdota inspiró a Don Mancini a la hora de escribir la historia de Chucky que, posteriormente, llevó al cine con gran éxito Tom Holland.

En definitiva, esperamos haber dejado clara cuál es la historia que inspiró la película Chucky: el muñeco diabólico y todas sus secuelas. Una leyenda que conjuga el vudú con la imaginación de un niño. El resultado fue un film que aterrorizó a millones de personas a finales de 1980 y que hizo ricos a sus creadores. No olvidemos que, actualmente, la franquicia cuenta ya con siete largometrajes y un remake.